Con gesto serio, cansado,
dolorido, crucé la línea de meta en Berlín el 25 de septiembre de 2011 y acabé
mi primer maratón. Pero todo había empezado mucho antes.
Recuerdo que hace mucho tiempo
sentí la admiración por una prueba de atletismo: la maratón. Por una parte no
comprendía el sentido de una prueba en la que se corren tantos kilómetros y que
en la mayoría de las ocasiones nos deja imágenes de deportistas completamente
desencajados llegando a la línea de meta; pero por otra parte siempre tuve
curiosidad por conocer las emociones que vivirían los corredores al llegar a
meta. Cierto es que todo esto que relato sucedía hace ya unos cuantos años y
que en realidad se trataba de unas sensaciones que tan sólo se acercaban a mí
muy de vez en cuando.
Aunque en mi vida, y gracias a
mis padres y mi familia, el deporte siempre ha formado parte de mi educación y
lo he practicado en primera persona en muchas de sus modalidades, también es
cierto que me alejé temporalmente de cualquier actividad física. Sin embargo,
poco a poco, de nuevo fui recuperando la apetencia por la práctica del deporte,
y de pronto un año sentí la llamada para correr una de las pruebas más
conocidas dentro del circuito de las carreras populares: la "Sansilvestre
Vallecana". Era el año 2006, y necesitaba cumplir con mi propio compromiso
de correr aquella carrera de cualquiera de las maneras. Y eso hice. Sin dorsal
y con el temor de ser expulsado, de ser descubierto como corredor furtivo aquel
año, pero con la imparable decisión de saldar mi deuda, que sin duda es
personal e intima, aunque seguro que la mayoría de quienes esto lean sepan a
qué se debe, o mejor dicho a quién se debe.
(2007) Con mi tío Rodolfo en la previa a la Sansilvestre
Vallecana.
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Esa
primera carrera hizo aflorar en mi persona un sinfín de sensaciones imposibles
de describir, y además me convirtió, sin que yo todavía lo supiera, en un nuevo
individuo de esos que pertenecen al gran grupo de los "corredores
populares". Así, a partir de aquel año, comencé a reservar la fecha del
calendario para correr la "Sansilvestre", evento al que además, desde
el año 2007, se sumó mi tío Rodolfo con algunos otros amigos, y que ha
transformado mis costumbres del último día del año, instituyendo el gran plato
de pasta para comer en casa de mi tío, con la previa de la carrera y la carrera
en sí, disfrutando del ambiente y la propia fiesta que es la
"Sansilvestre".
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(2009) De izquierda a derecha: Juan Manuel, yo, mi
tío
Rodolfo, Juan Ramón y Carlos en la previa a la Sansilvestre
Vallecana.
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(2009)
Con Fernando Gómez en la previa a la
Sansilvestre Vallecana.
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Pero de repente, y tras comenzar
a correr para la "Sansilvestre" del 2009, sentí que necesitaba
introducir nuevos objetivos en lo que ya se estaba convirtiendo en una nueva
afición. Así me inscribí en la "X Media Maratón de Madrid". ¡Qué nervios!,
comenzaba a prepararme para correr una carrera de más de 10 kilómetros, y a
pesar de todo, el pensamiento por correr una maratón todavía no había
despertado de su letargo; porque el pensamiento estaba ahí, aunque aún no había
vuelto a mi cabeza. Recuerdo como esos días previos a mi primera media maratón,
que por cierto había pasado con mis habituales dolores de garganta, me hacían cavilar
entre la imaginada emoción de llegar a la meta y la inquietante duda acerca de
completar exitosamente el objetivo. Pero la carrera fue bien, y ya no era
posible la marcha atrás, en mi propia consciencia ya me consideraba
un "corredor popular".
(2010) Con Juan Manuel en la previa a la
X Media Maratón de Madrid.
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Me inscribí en más carreras de
10 kilómetros y empecé a leer las revistas especializadas que recibía con las
inscripciones, me interesaba por la ropa de running e incluso adquirí el que,
hasta hoy para mí, se ha convertido en mi inseparable Garmin 405, del que más
tarde y con objeto del "Maratón de Berlín", aprendí a usar
funcionalidades que no sabía ni que tenía.
(2010) Con Juan Manuel y Fernando Gómez después de
correr la X Media
Maratón de Madrid.
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Y seguía corriendo en más carreras populares y contando mis batallitas a mis amigos y compañeros de trabajo, que incluso se interesaban por lo que les contaba llegando a correr juntos algunas carreras.
(2010) De izquierda a derecha: Nacho, Silvia,
Miguel, Eva, Mario (agachado
con Luna), Antonio, Goyo, Pancho y yo, en la
previa a la Carrera de las
Empresas.
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(2010) De izquierda a derecha: Fernando, Carlos,
Juan Manuel,
mi tío Rodolfo, Juan Ramón y yo, en la previa a la Sansilvetre
Vallecana.
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Y poco a poco llegó de nuevo la
nueva cita con la "Sansilvestre" del 2010, y se repetía el ritual de
cada 31 de diciembre desde hacía ya cinco años. Y como siempre había un
excelente ambiente. Y me encontraba bien. Y así comenzó la carrera en la que
kilómetro tras kilómetro iba marcando buenos tiempos. Y al final logré, casi
sin darme cuenta, mi mejor marca en esa distancia: 46'51''. Así es que esa
noche, en la cena de Nochevieja del 31 de diciembre de 2010, eufórico por mi
gran resultado, por fin me atreví y en presencia de toda mi familia le dije a
mi tío: "Si me acompañas a Berlín, me apunto a la maratón".
Esa misma noche la decisión ya
estaba tomada: Berlín era mi próximo objetivo.
(2010) Con Carlos y Juan Manuel, después de mis 46'51'' de
la Sansilvestre.
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(2011) De izquierda a derecha: Manuel Correa,
Antonio Barea,
Antonio Reyes y yo, en la previa a la XI Media Maratón
de
Madrid.
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(2011) De izquierda a derecha: Manuel Correa,
Antonio Reyes,
Antonio Barea y yo, en la previa a la XI Media Maratón
de
Madrid.
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Y así empezó agosto, y aprendí
el plan de entrenamiento de memoria: los martes tocaban series, los jueves 14
kilómetros en mi recorrido de Valdebebas - Parque Juan Carlos I - Hortaleza,
los sábados la tirada larga y los domingos 10 kilómetros suaves.
Al principio fue duro. Nunca
antes había hecho series para entrenar. Había leído que son muy importantes
para conseguir velocidad y buen ritmo en carreras más largas, pero siempre
pensé que se podían obviar. Sin embargo Antonio me dijo: "Programa tu
reloj para hacer las series. Ocho o diez de 1 kilómetro a 5' con 3' de
reposo", y así lo hice, porque no sabía hasta entonces que en mi muñeca
había algo tan poderoso como mi Garmin 405; recuerdo que el primer día era toda
una incógnita; pensaba que sufriría mucho, y no me equivoqué. En la sexta serie
ya estaba reventado, pero había que hacer al menos ocho y yo tenía un
compromiso.
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(2011) Con Miguel Villafáfila y Antonio Reyes en la
I Carrera
Popular solidaria de Hortaleza Menudos Corazones.
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Los jueves llegaban los 14
kilómetros. La primera parte bastante sencilla, lo peor siempre era el calor,
pero con el paso de los entrenamientos uno se iba acostumbrando, en el
kilómetro 8 tocaba dar la vuelta, era la salida del Parque Juan Carlos I y gran
parte del trayecto hasta ese punto tenía pendiente favorable, es decir, cuesta
abajo; el cansancio aún no se hacía notar, pero comenzaba la segunda parte del
recorrido con una primera cuesta larga y tendida, y el calor seguía haciendo su
parte del trabajo para endurecer el entrenamiento; los jueves se convirtieron
en un buen día para comenzar a probar los geles de alimentación que habría de
llevar el día de la gran carrera. Entre el kilómetro 11 y el 13, al menos una
cuesta de 1,8 kilómetros, en la que siempre pensaba: "Vamos allá que en
Berlín el recorrido es llano, así es que si consigo pasar por aquí la carrera
será un paseo". Buena forma de animarme, y es que los corredores sabemos
lo importante que es, no sólo estar bien, sino también pensar que estás bien.
Mi amigo Narciso me acompaño un jueves en este entrenamiento. Lo pasamos bien.
Me acuerdo que en los primeros kilómetros no paraba de hablar y luego lo acusé,
pero, como todas las demás sesiones, conseguimos acabar. A Narciso le gustó el
recorrido y yo le agradecí su fidelidad continua. Narciso salía conmigo de juez
de línea cuando yo arbitraba en 3ª División, era mi línea de confianza, y a
pesar de todo lo que implicaba el arbitraje, lo pasábamos muy bien. Años más
tarde Narciso es capaz de cogerse el coche y presentarse en mi casa para salir
a correr una hora o una hora y media, pero sobre todo, para poner de manifiesto
los valores de la lealtad.
Llegaban los entrenamientos de
los sábados. Al principio me costaría madrugar para correr, pero en el primero
de ellos mi vecino José Manuel me animó a acompañarle y quedamos a una hora que
yo pensaba temprana: las ocho de la mañana. José Manuel me enseñó una ruta que
nos llevaba hasta San Sebastián de los Reyes. "¡Qué locura!", pensaba
yo en un primer momento cuando acto seguido volvía a decirme a mí mismo:
"Esto no será nada para una maratón". José Manuel, ese día me habló
de la posibilidad de un recorrido de 20 ó 22 kilómetros por el carril bici
hasta la Casa de Campo de Madrid, volviendo luego en Metro, y como bien es
cierto que ese circuito hasta San Sebastián de los Reyes es tan ameno como
irregular y mi temor por recaer con una nueva torcedura de tobillo era muy
alto, el siguiente sábado me decidí a probar esa ruta de Sanchinarro - Casa de
Campo. Nada más terminar ese primer entrenamiento hasta la Casa de Campo quedó
nominado para convertirse en mi ruta de los entrenamientos de los sábados.
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(2011) Fernando tras uno de los entrenamientos
hasta la Casa de Campo.
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En esos ratos de running, Fernando no para de hablar de deporte; le encanta el fútbol, el baloncesto, el
atletismo,... conoce la historia del deporte, a sus protagonistas, sus anécdotas,
sus historias.... de Cruyff, de
Gebrselassie, de Nadal, de Kilian (a quién él me ayudó a conocer)...
Estoy seguro de que si le saco el tema del curling, es capaz de conocer algún
deportista que lo practique e incluso de ilustrarme con alguna moraleja relacionada.
Las historias que Fernando cuenta llenan a uno de energías y ganas por hacer
deporte.
Y así fue pasando agosto y los
inicios de septiembre. El ánimo cada vez más alto. La cercanía de la carrera me
producía euforia y emoción, pero sobre todo me abría un interrogante:
"¿Sería capaz de cumplir con el objetivo?".
Avanzaba septiembre y llegaron
mis vacaciones. Yo creo que mis compañeros de trabajo ya me despedían aliviados
de pensar que se liberaban de mis historias de entrenamiento por unos cuantos días,
y es que tengo que reconocer que por seguro me llegué a convertir en un
auténtico pelmazo para ellos; incluso para diseñar la camiseta que llevaría el
día de la carrera.... Y es que todas esas experiencias las compartía con ellos.
Comenzaban mis vacaciones y volvíamos a mi querida ciudad de Cracovia. Mi amigo
Michael Nowotarski se casaba en Polonia y asistíamos a su boda; pero en
Cracovia no sólo teníamos una boda, yo también tenía tres entrenamientos.
Fueron tres entrenamientos fabulosos, tempranos para aprovechar bien los días y
disfrutando de los lugares de esa ciudad que tanto me gusta. El sábado, día de
la boda de Michael, tocaba la tirada larga; no había que abusar de la
distancia, pero las sensaciones fueron tan buenas que en las dos horas de entrenamiento
hice casi 23 kilómetros.
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(2011) Entrenamiento en Cracovia por: Planty -
Blonia - Starowolska - Cassino y Wawel Castel
el 17 de septiembre.
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Volvíamos a España, quedaba
menos de una semana para el 25 de septiembre, la cuenta atrás se aproximaba al
final, apenas quedaban un par de jornadas de rodaje y llegaría el gran día. En
Madrid cumplí con mi jornada de rodaje, carrera suave, pocos kilómetros,
tratando de imaginar cómo sería la carrera; pero, ¿cuántas veces lo había
pensado ya?, ¿cuántas veces me había ya visto pasar por la Puerta de
Brandenburgo?, ¿cuántas veces ya me había emocionado en los entrenamientos
pensando en cumplir mi sueño?.
Preparé el equipaje
concienzudamente, repasé con Lourdes el plan de viaje, preparé los puntos de
encuentro en los que trataríamos de vernos durante la carrera. Ya estaba todo
listo: al día siguiente volaba a Berlín con mi tía Paloma, que viajaba más allá
de la península por primera vez.
El viaje fue largo, salimos de
Madrid tranquilamente por la mañana y teníamos escala en Bruselas. El tiempo de
espera en Bruselas se hizo largo, pero había tiempo para descansar antes de la
carrera. Todavía no afloraban los nervios de última hora. Llegamos a Berlín de
noche, localizamos el hotel, nos acoplamos y aquella noche salimos a cenar
cansados y nos fuimos a dormir.
El viernes teníamos que ver
muchas cosas de Berlín, los restos del muro, Check Point Charlie, la Gendarmenmarkt,
la Universidad Humboldt, pero sobre todo la Puerta de Brandenburgo, donde,
cuando llegamos, ya le dije a mi tía: "Por aquí debajo pasaré el
domingo". El ambiente en la ciudad era indudablemente maratoniano. Unos
corriendo por la ciudad, otros con sus bolsas de la carrera después de recoger
los dorsales... mi tía y yo sólo imaginábamos a gente que venía a la carrera en
los desayunos del hotel.
El mismo viernes hice mi último
entrenamiento. Un ratito de rodaje, desde el hotel en Alexanderplatz hasta la
Puerta de Brandenburgo. En el corto trayecto de 5 kilómetros, todas las
personas que me crucé corriendo hacían un gesto de saludo como diciendo:
"Tú también vienes a la maratón ¿verdad?", que lógicamente era
correspondido.
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(2011) Con Martín Fiz y José Manuel Martín en la
feria del
corredor del Maratón de Berlín.
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Por fin llegamos a la recogida
de la bolsa, perfectamente ordenada y con un sobre en el que venía el dorsal y
otra bolsa para el ropero del domingo. En el sobre, además del dorsal, el
justificante para retirar la camiseta conmemorativa de la maratón y es que
claro, uno en el primer maratón que hace, contrata prácticamente todos los
extras que la organización ofrece. Además, también se encontraba en la bolsa la
agenda de la carrera con todo tipo de planos para la ubicación de los servicios
y toda serie de indicaciones.
Bueno, tras pasar unas cuantas
horas en la feria, decidimos salir de allí para encontrarnos con mi tía y
Lourdes; el punto de reunión no podía ser otro que la Puerta de Brandenburgo,
que se convirtió en el alma y corazón de esta experiencia inolvidable. Una vez
todos juntos decidimos buscar un sitio para comer, cerca del Reichstag y junto
al río Spree. Tras la comida nos separamos de José Manuel, que fue a conocer el
centro de la ciudad mientras que nosotros nos dirigimos a visitar un importante
lugar relacionado con la historia del deporte: el Estadio Olímpico de Berlín,
donde se celebraron las Olimpiadas del año
1936, en las que Jesse Owens logró tres oros individuales y uno más en
la prueba de relevos ante la mirada desencajada de Adolf Hitler, y donde
también, unos cuantos años más tarde, Italia se proclamaba Campeona del Mundo
de Fútbol ante Francia. Tras la visita, nos dirigimos al hotel e hicimos los
primeros preparativos para la carrera del domingo. Quedamos de nuevo con José Manuel para cenar en los alrededores del
hotel. Tras la cena, volviendo al hotel, ya sólo se pensaba en la carrera y
cerré los detalles con José Manuel: nos encontraríamos a la mañana siguiente en
Alexanderplatz a las siete de la mañana para ir juntos a la carrera.
Llegó el domingo. Había que
madrugar para hacer un buen desayuno. A las 5:45 sonó el despertador. De manera
contraria a lo que pensé que sucedería, dormí bien, había descansado. A las
6:00 bajé a desayunar con Lourdes, quien pensaba encontrarse un comedor vació,
aunque yo ya notaba mucho movimiento de ascensores en el hotel y al acceder al
salón un montón de gente, vestida de la manera más variopinta, se encontraba
desayunando y concentrándose para la maratón. Recuerdo a cada cual con sus
propios rituales: un grupo de gente bromeando y riendo, otra persona sola y
seria, como visualizando la carrera. Supongo que ellos también observarían a su
alrededor y a buen seguro que a mí me encuadrarían en el grupo de los que por
primera vez se enfrentan al reto. Tras el desayuno volvimos a la habitación,
últimos preparativos, revisión con Lourdes de los lugares prefijados para
vernos durante la carrera, comprobando la colocación el chip de cronometraje en
la zapatilla, que los calcetines estaban perfectamente ajustados para evitar
las temidas ampollas y bien abrigado salí al encuentro de José Manuel.
Puntuales, con tiempo de sobra para llegar a la zona de salida, nos fuimos
acercando poco a poco a los roperos.
Mientras tanto, de vez en
cuando, alguien gritaba: "¡Show me your number!" y José Manuel, que
ya es veterano en estas lides, me dijo: "Hay que hacerse todas las fotos,
porque luego te cobran lo mismo por 4 que por 40", así es que a subirse la
ropa de abrigo, abrir las cremalleras y a posar con el dorsal bien visible.
Con calma y tranquilidad dejé mi
bolsa con ropa seca en el ropero pensando en que en unas horas volvería a
recogerla después de cumplir con mi compromiso. Acompañé a José Manuel a su
ropero y al rato nos separamos, cada uno a su cajón de salida.
El
sol comenzaba a asomar brindando unos rayos de calor matutinos que cualquier
buen alemán sabe apreciar; mientras tanto, deambulaba pensando en lo que
quedaba por delante, poco tiempo había ya para pensar en todo lo anterior, y
cuando lo pensaba era para hacer un repaso mental a toda velocidad que tratara
de responder a la pregunta que rondaba por mi cabeza en ese momento: "¿Qué
es lo que estoy haciendo aquí?".
Faltando poco tiempo para el inicio
de la carrera la megafonía comenzó su actividad y música muy marchosa empezó a
acompañar un calentamiento dirigido por un grupo de personas que se encontraban
subidas a un escenario y que no tardaron en arrastrar alegremente a la ya importante cantidad de gente que se
iba aproximando a la salida. Saltos, estiramientos y palmas fueron animando el
ambiente hasta minutos antes de que se iniciara la carrera, y cuando uno ya
prácticamente no se había dado cuenta de que restaban pocos minutos para
comenzar a correr, miré a mi alrededor y sólo veía gente y más gente dispuesta
a enfrentarse a sus propios retos; de Dinamarca, México, Venezuela, Italia,
Rusia, Colombia, corredores de 122
países participaban ese día.
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(2011) Recorrido Maratón de Berlín.
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(2011) Durante el transcurso de la Maratón
de
Berlín.
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Llegué al primer punto de
encuentro con mi tía Paloma y Lourdes. Era el kilómetro 11 y estaba haciendo
los tiempos previstos. Nos vimos sin problemas, con toda facilidad gracias al
plan bien previsto, y eso que Lourdes siempre se mostró pesimista en lo que se
refiere a encontrarnos en la carrera entre tanta gente. Disfrutaba de la fiesta
a la que me había sumado. Era momento de vivir al máximo cada instante. Así
pensé: "Vamos a por el segundo tramo, nos vemos en el kilómetro 22 después
de pasar la media maratón". Pero en el kilómetro 16 comencé a sufrir una
molestia en un dedo del pie, la uña me estaba haciendo polvo. Pensé en que no
debería obsesionarme con esa molestia porque sería peor, pero también me decía
a mí mismo: "Ya es mala suerte que me tenga que estar pasando esto
precisamente hoy". Pronto cambió la molestia del dedo por un leve malestar
muscular, pero había que seguir. Los kilómetros seguían cayendo, llegaba el
segundo punto de encuentro y, a pesar de todo, se estaba cumpliendo el plan
previsto, durante muchos días había entrenado en esas distancias y sabía que
podía aguantar con relativa tranquilidad. Sin embargo, recuerdo que llegó el
kilómetro 25 y los tiempos parciales del paso por kilómetro cada vez eran más y
más lentos. Estaba haciendo tiempos por encima de 6', pero tenía que acercarme
al kilómetro 30. Llegando ahí, las leves molestias musculares comenzaban a
agravarse y cambiaban de una pierna a otra, pero sobre todo acusaba los
calambres que estaba sufriendo en el cuádriceps
de mi pierna derecha. De todas maneras había que continuar, uno no podía
ir allí para abandonar a esas alturas por molestias musculares, y así, con
mucho esfuerzo, llegué al tercer punto de encuentro con mi tía y Lourdes, que
hay que decir, en honor a la verdad, que también se dieron una buena paliza
yendo en metro de un sitio a otro, con sus transbordos y todo, para poder tomar
una breve instantánea de mi pretendido paso fugaz por su lado. El tercer punto
de encuentro en Kurfürstenstrasse fue el más emotivo, era el kilómetro 35 y
apenas restaban algo más de 7 para terminar. Una vez allí ya todos sabíamos que
llegaría al final. Pero no fue del todo fácil, el cansancio hacía mella y con
todo el calor que hacía deseaba llegar hasta el siguiente punto de
avituallamiento para poder beber agua y tomar nuevas fuerzas. Pasando por la
Postdamer Platz uno de los voluntarios que seguro no me vio muy buena
cara, abandonó durante unos cuantos metros su posición para decirme:
"¡Come on Alejandro, there are only three kilometers to finish!", y
agradecí ese aliento de ánimo como había agradecido todos los anteriores desde
el primer metro; pero ese en particular me llevó hasta la Gendarmenmarkt y yo
ya sabía que tan sólo quedaban tres giros: izquierda, derecha, izquierda y al
fondo aparecería la que se convirtió en el centro neurálgico de la aventura, la
Puerta de Brandenburgo.
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(2011) Tras cruzar la Puerta de Brandenburgo en la
Maratón de Berlín.
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En Unter den Linden ya no se podía parar, poco más de 1 kilómetro y se alcanzaría el objetivo, pero había que cruzar la Puerta de Brandenburgo: "¿Por dónde paso?" , me pregunté. "Vaya pregunta más absurda", me dije en el momento siguiente cayendo en la cuenta de que después de todo lo que había hecho ya no quedaba alternativa diferente a la de cruzar por el paso central, orgulloso de saber que cumpliría con mi compromiso; ese compromiso que había contraído conmigo mismo mucho tiempo atrás y que me había llevado hasta allí.
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(2011) Tras finalizar la Maratón de Berlín
[4h26'57''].
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No había tiempo para más: 42
kilómetros y 195 metros; muchas horas de entrenamiento, muchos gestos que
agradecer y mucha gente a la que dedicar ese momento. Contento, eufórico,
satisfecho, orgulloso. Con gesto serio, cansado, dolorido, crucé la línea de
meta en Berlín el 25 de septiembre de 2011 y acabé mi primer maratón.













